sábado, 7 de mayo de 2016

Titivillus: el demonio de los calígrafos



Otros oficios tienen sus maestros, otras artes sus santos patronos, pero sólo los calígrafos pueden aseverar tener un demonio patrono. El siguiente relato de Titivillus, ese singular diablo medieval, está basado en exiguos registros escritos, entrelazados con una vcantidad de presunciones libres. 

Titivillus fue creado en broma por los monjes medievales para lograr un propósito serio. La naturaleza repetitiva de la vida monástica era desgastante. Los monjes solían dejar de prestar la debida atención a su trabajo y entonces mutilaban o se les escapaban palabras, cometiendo errores ortográficos. Era necesario recordarles que la falta de atención era un pecado. La primera mención escrita de Titivillus por su nombre apareció alrededor de 1285 en el Tractatus de Penitentia, de John of Wales. Y el comentario que allí se hiciera fue repetido a principios del siglo siguiente por Petrus de Palude, el patriarca de Jerusalén, en un sermón; «Fragmina psalmorum /Titivillus colligit horum», que, traducido libremente, dice que TitivilIus coleccionaba trozos de los salmos. Escurriéndose sigilosamente sin ser visto, registraba cada una de las barbaridades verbales que se decían durante los oficios religiosos. 

Letra Capitular de una página escrita entre 1497 y 1499, decorada por Bartolomeo San Vito de Padova. Pero los monjes deploraban los errores en la copia y en la escritura tanto como los que se producían en la lectura y en los cantos litúrgicos, si bien no existe ningún registro de su interés en los errores de los escribas con anterioridad al siglo XV. 

También se presume que bien puede haber seguido a los monjes después de la celebración de la misa para interiorizarse de lo que estaba fuera de regla en el aposento de los calígrafos. 

Lo que Titivillus hacía cuando escuchaba o veía un error fue lo que le otorgó su condición demoníaca. La temprana descripción de John of Wales aportó otro dato: «Quacque die mille/fvicibus sarcinat ille», corroborado en varios manuscritos (uno de ellos llamado Arundel 506, folio 46, que se encuentra en el Museo Británico de Londres). Éste explica que Titivillus estaba obligado a encontrar diariamente suficientes errores para llenar mil veces su bolsa, los cuales el Diablo bajaba al infierno, donde cada pecado era debidamente registrado en un libro con el nombre del monje que lo había cometido, para ser leído el Día del Juicio Final. 

Se podría pensar que la búsqueda de errores por parte de Titivillus era tarea fácil. En The Cloisters Manuscript ("El manuscrito de los claustros", como se lo conoce en la actualidad, producido entre 1325 y 1328, quince santos fueron accidentalmente omitidos en el calendario, y los nombres de más de treinta de ellos contenían errores de ortografía. Ya seguramente una bolsa llena. 

No obstante, la presencia de Titivillus tuvo su efecto. Los monjes rápidamente comenzaron a tener más cuidado, y alrededor de 1460 le era necesario merodear a hurtadillas, con la bolsa casi vacía, alrededor del sitial del coro, en búsqueda de algunos «janglers, cum jappers, nappers, galpers, quoque drawers, momlers, forskippers, overenners, sic overhippers...» (los janglers y los jappers hablan rápido o en broma, los nappers se quedan dormidos, los galpers bostezan, los drawers no paran de hablar y los momlers mascullan, los forskippers miran a las cosas por encima, los overenners no son otra cosa que forskippers más rápidos, y los overhippers sencillamente lo hacen con más brío). 

Bajorrelieve de 960-80, que muestra a San Gregorio en su Scriptorium. 

Titivillus se había quedado corto de pecados y para 1475 se había tenido que rebajar a incurrir en las diabluras más deslucidas: 

"Titivillus, the dvyl of hell he wryteth har names see to tel. As missam garulantes". - Interpretación del diablito por francesca Biasetton, 1995. 

En otras palabras, ocultándose furtivamente en las iglesias donde tomaba nota de los nombres de las mujeres que chismeaban durante la misa. Pero el diablo debe tener su merecido. En algún momento del siglo XV cayó en la cuenta de que un diablo astuto tendría que poder seducir a los escribas para que duplicaran, triplicaran y hasta cuadruplicaran sus errores y no perdió tiempo en poner en práctica su plan. Al poco tiempo estaba embolsando tantos pecados como en siglos anteriores. Los escribas, sobrecargados de trabajo debido a las increíbles exigencias de las universidades en materia de textos, negaban toda responsabilidad por los errores que aparecían en los manuscritos que tenían que producir con la mayor premura. El diablo, afirmaban, los había tentado para que cometieran errores y Titivillus, reconocido como el autor de sus erratas, se convirtió en patrono más que en una peste, ya que los absolvía de culpa y cargo. 

Imagen encontrada en la Devil's Bible de 1205. Se dice que gracias al diablito la Biblia se completó en una sola noche.Titivillus, una creación de la era medieval en el amanecer del Renacimiento, rehusó la luz de la razón y su nombre rápidamente cayó en el olvido. Pero nadie lo había exonerado de sus tareas diarias. A medida que aumentaba la popularidad de la imprenta y mermaba la riqueza de la caligrafía, diversificó sus actividades. El monje piadoso que editó el manuscrito Anatomy of the Mass (Anatomía de la misa) en 1561 tuvo que agregar al delgado libro de 172 páginas de texto una fe de erratas de quince páginas, un récord en materia de errores en un trabajo tan breve. La fe de erratas comenzó con una explicación por parte del monje a esta terrible situación: indudablemente, era trabajo del Diablo. El manuscrito de alguna manera se había ensuciado y empapado antes de llegar al impresor, quien, luego de estudiarlo mientras lo sostenía con cierta repugnancia, había sido inducido misteriosamente a cometer esta cantidad jamás superada de errores en una composición tipográpca. Sixto V, papa desde 1585 hasta 1590, aparentemente desconociendo a Titivillus, autorizó la impresión de la Biblia Vulgata traducida por Jerome. No queriendo correr riesgo alguno, el papa emitió una bula papal excomulgando en forma automática a cualquier impresor que le efectuara una alteración al texto. Ordenó que la bula fuera impresa al comienzo de la Biblia. Examinó personalmente cada hoja a medida que salía de la prensa. No obstante, la Biblia Vulgata contenía tantos errores que hubo que imprimir correcciones que fueron recortadas y pegadas encima de los errores en cada ejemplar de la Biblia. El resultado provocó un sinnúmero de comentarios irónicos sobre la irregularidad de la infalibilidad papal, y el papa Sixto no tuvo otra opción que ordenar la devolución y destrucción de la totalidad de los ejemplares. No obstante, según se dice, uno fue preservado como testamento a la obra o de Titivillus. 

Desde el Renacimiento, los libros, y más recientemente los diarios, han abundado en errores tipográficos que carecen de explicación aparente. Pero es evidente en quién recae la culpa. Quién más podría haber hechizado con tanta maestría a los editores del Oxford English Dictionary, que durante el último medio siglo en cada edición de este trabajo eminente se hace una referencia incorrecta en la página lo que no sorprenderá a nadie donde se menciona a Titivillus. El rebrote actual del interés por la caligrafía es indudablemente del agrado de su demonio patrono. 

De Civitas Dei, 1140 

Titivillus debe estar pensando que han vuelto los buenos días de antaño. ¿De qué otra manera podríamos explicar los errores que cometemos? 


Extraído del libro Medieval Calligraphy, de Marc Trogin, editado por Dover 

jueves, 14 de enero de 2016

El zoo humano madrileño

El término de zoo humano describe una actitud cultural de supremacía racial, que, según algunos investigadores, prevaleció en los imperios coloniales hasta la Segunda Guerra Mundial. Fue popularizado por la publicación en 2002 de la obra Zoológicos humanos, escrito por varios historiadores franceses especialistas del fenómeno colonial. Las exposiciones coloniales fueron la ocasión de presentar al público de la metrópoli una muestra de los diferentes pueblos colonizados, puestos en escena, en situación forzada en un ambiente reconstruido.
Uno de los primeros antecedentes de los zoológicos humanos fue la colección de Moctezuma en México, la cual no solo consistía en un auténtico zoológico, lleno de diversos animales importados de toda Mesoamérica y Aridoamérica, sino que también exhibía a personas poco comunes como enanos, albinos y jorobados. En el Renacimiento, los Médici, crearon una importante colección de animales en el Vaticano. En el siglo XVI, el cardenal Hipólito de Médicis tenía una colección de gente de diferentes razas. Él mismo dijo que entre sus "bárbaros" se escuchaban hasta 20 idiomas, ya que tenía entre su "colección", moros, tártaros, indios, turcos y africanos.
Una de las primeras exhibiciones públicas de humanos fue la exhibición de P.T. Barnum de la mítica supercentenaria de 161 años, Joice Heth el 25 de febrero de 1835 y, luego, los siameses Chang y Eng Bunker. Sin embargo, la noción de la curiosidad sobre otros humanos tiene una historia tan larga como el colonialismo. Por ejemplo, Cristóbal Colón lleva indígenas de sus viajes al Nuevo Mundo a la corte castellana en 1493. Otro famoso ejemplo fue Sara Baartman de la nación nama, con frecuencia referenciada como la Venus hotentote, que fue lisa y llanamente exhibida en Londres hasta su deceso en 1815. Durante los 1850s, Máximo y Bartola, dos niños microcefálicos de El Salvador se exhibieron en Estados Unidos y en Europa bajo los nombres de "niños aztecas" y "liliputienses aztecas". Sin embargo, los zoos humanos se volvieron comunes solo en los años 1870, o sea a mediados del periodo del Nuevo Imperialismo.
El Parque del Buen Retiro de Madrid fue escenario en mayo del año 1887 de un zoo humano en el que a los madrileños se les mostraba cómo eran los filipinos, pero no fue el único recinto de exhibición en España: en Barcelona se podían ver “negros salvajes”. El inventor de este nuevo negocio, que data de 1874, es el mercader de animales Carl Hagenbeck, que quiso abrir fronteras empresariales incorporando en su listado animal a samoanos (Polinesia) en 1874. Dos años después incorporó a nubios (Egipto), que hoy día protagonizan visitas turísticas especiales para los viajeros de cruceros en el Nilo ayudando a la economía egipcia, por sus características diferenciales físicas (piel más morena y labios más finos que los del resto de egipcios y ojoz más azulados) y su lengua propia. Por unas decenas de euros uno puede ver cómo viven y aprender las reglas básicas de su idioma aunque poco tiene que ver con las exposiciones del siglo XIX. En aquel tiempo, llegaron al Retiro 43 indígenas filipinos junto a “algunos igorrotes, un negrito, varios tagalos, los chamorros, los carolinos, los moros de Joló y un grupo de bisayas”, como recoge el investigador Christian Báez Allende en su libro Zoológicos Humanos: fotografías de fueguinos y mapuche. Fueron expuestos junto a la Casa de Fieras. La prensa de entonces, concretamente el diario El Imparcial, escribió al respecto: “En su constitución, en su aspecto, en su lenguaje, en sus maneras, en sus costumbres en su color y hasta en sus trajes, esos compatriotas nuestros difieren grandemente de los filipinos más civilizados y hasta ahora conocidos”. Estas personas fueron tratadas en Madrid mejor que en el resto Europa. La documentación recogida por el investigador apunta que se les permitió entrar en el Palacio Real de Madrid y que fueron recibidos en audiencia por la infanta Isabel y la regente María Cristina, para después volver de vuelta a casa en barco ya que fue denegado su “préstamo” a una exposición parisina. Gracias a ello, ‘sólo’ murieron cuatro de 43 filipinos, un número inferior al que solía tener lugar en este tipo de giras.
http://zonaretiro.com/ciudadanos/parque-retiro-zoo-humano-1887/

miércoles, 9 de diciembre de 2015

El caso de la mujer que paría conejos

La Inglaterra del rey Jorge I (1660 – 1727) rebosaba de rarezas, falsedades y charlatanes. El propio rey Jorge era un poco bicho raro, nunca se preocupó de aprender inglés y mantuvo a su esposa 32 años en prisión. Pero para cosas fuera de lo común, nada puede hacer sombra a la famosa historia de Mary Toft Godalming y sus bebés conejo.



En septiembre de 1726 Mary comenzó a dar a luz a conejos. El cirujano local, John Howard, respondió a las súplicas de sus familiares y se apresuró a la casa de Mary, donde para su enorme sorpresa, asistó al parto de nueve de estos animales. Todos nacieron muertos, y en realidad venían al mundo en porciones y no de una sola pieza. No obstante, esto no disminuía el asombro del hecho en si. ¡La señora Toft paría conejos!
Jon Howard escribió excitadísimo a otros hombres de ciencia del país, urgiéndoles a ayudarle a investigar el insólito fenómeno. Pronto, dos hombres prominentes enviados por el mismísimo rey llegaron para investigar. Se trataba de Nathanael St. Andre, cirujano anatomista del monarca, y Samuel Molyneuxm secretario del Príncipe de Gales. Mary explicó a estos ilustres hombres que recientemente había sufrido un aborto, pero que durante el embarazo había tenido unas ansias tremendas de comer carne de conejo. Tras varios intentos infructuosos de cazar varios conejos, había soñado con que tenía a varios en su regazo. Lo siguiente que supo es que estaba dando a luz conejos.
En presencia de los doctores, Mary continuó dando a luz a más conejos. Los hombres realizaron experimentos para verificar el fenómeno. Por ejemplo, tomaron un pedazo de pulmón de uno de los conejos y lo sumergieron en agua para contemplar que flotaba. Esto significaba que el conejo debía haber respirado aire antes de su muerte, lo cual por supuesto no podía haber sucedido dentro de un útero. Sorprendentemente, los doctores ignoraron esta evidencia y decidieron que no había “conejo encerrado”. Para ellos Mary daba a luz conejos sin ningún asomo de engaño.



El 29 de noviembre Mary fue trasladada a Londres. Para aquel instante su caso se había convertido en toda una sensación nacional y en la capital, una enorme multitud rodeaba la casa en la que la alojaron. En cuanto la mantuvieron constantemente vigilada, Mary dejó de dar a luz conejos y su caso comenzó a desentrañarse.
Pronto aparecieron testigos que afirmaron haberles suministrado conejos al marido de Mary. Más tarde, cuando un famoso doctor de Londres llamado Sir Richard Manningham amenazó a Mary con la necesidad de hacerle una inspección quirúrgica para examinarle el útero en nombre de la ciencia, Mary decidió sabiamente confesar.
Explicó que simplemente se había insertado los conejos muertos en el útero cuando nadie miraba, y que su motivación era el deseo de adquirir fama con la esperanza de recibir una pensión real. Poco después fue encarcelada por fraude, pero la liberaron sin juicio. Se dice que logró dar a luz a un niño normal poco después de un año tras los sucesos.
John Howard y Nathanal St. Andre, los dos cirujanos que la habían creído y defendido con pasión, tuvieron que mudarse muy lejos. 

http://maikelnai.elcomercio.es/2010/03/15/mary-toft-la-senora-que-paria-conejos/

La partera de trapo :Angélique Marguerite Le Boursier du Coudray






Mitades de cuerpos de mujer, bebés recién nacidos y partes anatómicas de cuero y algodón. No, no son muñecos para jugar, tampoco piezas de ningún artista de la época. Son las creaciones de la matrona Angélique Marguerite Le Boursier du Coudray, con las que recorrió toda Francia en el siglo XVIII para educar a médicos, cirujanos, enfermeras y mujeres sobre el embarazo y el nacimiento.



Angélique Marguerite Le Boursier Du Coudray fue una de las responsables de que cambiara por completo el modo de ver y de conocer el cuerpo de la mujer en el momento del parto. Matrona francesa nacida en 1712, tras terminar sus estudios —y al ver la gran ignorancia de las parteras, cirujanos y matronas y los errores bestiales que se practicaban en torno al nacimiento del bebé y al cuerpo de la mujer que daba a luz— se decidió a dar cursos gratuitos. Para ello, creó el primer maniquí obstétrico de tamaño natural, un muñeco que simulaba un bebé y un cuerpo de mujer para que estudiantes, médicos, matronas y mujeres vieran con total claridad y aprendieran qué pasaba en el momento del parto. Mientras lo que hoy puede ser algo bastante normal en las facultades de medicina y veterinaria (no puedo olvidar mis prácticas de reproducción en Lisboa con un potrillo de trapo), ella se dedicó a viajar por toda Francia, amparada por una orden real de Luis XV, para enseñar con sus vientres de algodón la partería a mujeres campesinas del mundo rural para reducir la mortalidad infantil y de las madres del país.


"La máquina", así se llamaba el particular modelo anatómico, simulaba con bastante detalle el proceso del parto. Incluso el bebé tenía nariz y orejas cosidas, pelo dibujado con tinta y una boca: la boca estaba abierta e incluso tenía lengua, así las parteras podían meter sus manos en ella y practicar cómo facilitar la salida del feto en caso de que viniera torcidoNo se trata de un sólo maniquí, sino de varios modelos que intentaban ser anatómicamente tan correctos como las telas, el cuero y los hilos podían permitirlo. Incluso algunos llevaban huesos humanos para darle firmeza al torso. La máquina no era un mero muñeco dentro de una bola de tela: tenía tubos por los que fluía líquido para imitar el flujo sanguíneo de dentro del útero y funcionaba con una serie de poleas y palancas para emular la mecánica propia del parto .El muñeco pasaría por las manos y las ganas de aprender de más de 500 cirujanos, que tenían una cosa en común, todos eran hombres


Pero su trabajo no solo queda aquí. También publicó un libro de texto de obstetricia, 'Abrégé de l'art des accouchements', que se convirtió en manual de base de muchísimos libros de partería. Pionera, adelantada para su época, creyente en la ciencia y en la enseñanza, el conocimiento de Angélique du Coudray llegó a más de 4.000 mujeres de las zonas menos favorecidas de Francia, en una época en la que pocos dirían que objetos tan comunes como el algodón, el cuero y la tinta se convertirían en los mejores aliados del vientre materno para luchar contra la muerte de la madre y del bebé en el parto.

http://www.gonzoo.com/starz/story/las-entranas-de-tela-que-salvaron-la-vida-a-miles-de-mujeres-2929/
http://www.corriendocontijeras.com/angeliqueducoudray/

lunes, 12 de mayo de 2014

El peso del alma

 
El doctor Duncan McDougall decidió averiguar cuál era el peso de las almas en 1907. Basó sus experimentos en una simple e igualmente singular teoría: si el alma existe dentro de nosotros, debe tener una masa y si tiene masa, debe tener un peso. Es decir, debe notarse en una balanza.  Partiendo de esta base, Duncan McDougall decidió experimentar con seis personas moribundas (infectadas de tuberculosis) pesándolas en camas colocadas sobre balanzas en el momento de su agonía, y luego, registrando su peso en el momento de su muerte. El resultado del cambio de peso en el momento de la muerte fue :
 
  • Paciente N° 1: pérdida de “tres cuartos de onza” (unos 21,3 gramos) “súbitamente coincidiendo con la muerte”.
  • Paciente N° 2: pérdida de “una onza y media y cincuenta granos” (o sea 45,84 gramos) en “los dieciocho minutos que transcurrieron desde el cese de la respiración hasta que estuvieron seguros de su muerte” (sic).
  • Paciente N° 3: pérdida de “media onza coincidiendo con la muerte, y una pérdida adicional de una onza pocos minutos mas tarde” (42,65 gramos en total).
  • Paciente N° 4: MacDougall consideró esta prueba sin valor, debido a que la balanza no pudo ser bien ajustada “por la interferencia de personas opuestas a su trabajo”.
  • Paciente N° 5: en este caso, se registró una pérdida inicial de “tres octavos de onza” (10,66 gramos) “simultáneamente con la muerte”, pero luego el fiel de la balanza regresó espontáneamente a su posición inicial y se mantuvo allí por quince minutos a pesar de retirar los pesos (!).
  • Paciente N° 6: esta prueba también resultó invalidada al fallecer el paciente antes de que la balanza fuera calibrada.
  •  
    Como resultado, se obtuvo una media de 21,262142347500003 gramos. O dicho en otras palabras, que el alma no sólo existía, sino que además tenía masa, sobre ella también actuaba la gravedad: pesaba lo mismo que un colibrí.
     
    Como un reguero de pólvora, la noticia se filtró y apareció el 11 de marzo de 1907 en la página 5 del New York Times (bajo el título, “Soul Has Weight, Physician Thinks”) antes de que la revista American Medicine aceptara publicar el estudio de Mac Dougall en su número de abril de ese año (el trabajo se llamó “Hypothesis concerning soul substance together with experimental evidence of the existence of such substance”).
    Nota de The New York Times sobre McDougall.

    El comentario del propio Dr. McDougall sobre sus experimentos publicados en The New York Times el 11 de marzo de 1907:

    "Cuatro médicos bajo mi dirección hicieron la primera prueba a un paciente moribundo con tuberculosis. Este hombre era un tipo normal, del habitual tipo estadounidense y de contextura normal. Le colocamos unas horas precedentes a la muerte en una plataforma de la báscula, que había construido y que se equilibra con exactitud. Cuatro horas más tarde con cinco médicos que asistían a su muerte. El instante en que la vida le dejó, el platillo opuesto cayó con una rapidez sorprendente, como si algo hubiera salido repentinamente de su cuerpo. Inmediatamente hicimos todas las deducciones habituales para la pérdida física de peso, y se descubrió que todavía había una pérdida de una onza de peso (21 gramos) inexplicable. He enviado otro paciente con la misma enfermedad, a punto de la muerte, para el mismo experimento. Era un hombre con  el mismo temperamento y físico que el paciente anterior. Ocurrió el mismo resultado al morir. En el instante en el corazón dejó de latir hubo una disminución repentina y misteriosa en su peso. Como experimentadores, cada médico hizo su propia relación con estas pérdidas de peso y las cifras se compararon. Se mostró en los resultados una pérdida de peso inexplicable. Pero esto no fue tan notable en el tercer caso. El paciente era el de un hombre de contextura física grande pero con un temperamento débil pronunciado. Cuando murió su cuerpo yacía en la cama encima de la balanza y durante un minuto entero no hubo ningún cambio en el peso. Los médicos que esperaban en la sala se miraron las caras en silencio moviendo la cabeza en la convicción de que nuestra prueba había fracasado. Entonces, de repente pasó lo mismo que había ocurrido en los otros casos. Hubo una disminución repentina en peso, y se descubrió que era la misma que la de los experimentes precedentes. Creo que en este caso, el de un hombre lento de pensamiento y acción, el alma quedó suspendida en el cuerpo después de la muerte, durante el minuto que transcurrió antes de que llegara a la conciencia de su libertad. No hay otra manera de explicarlo, y esto quizá se espera que suceda en un hombre del temperamento del sujeto. Otros tres casos fueron juzgados, entre ellos el de una mujer, y en cada una se estableció que un peso de una mitad a una onza entera se apartó del cuerpo en el momento de la muerte."
     
    Dr. McDougall también realizó su experimento con animales a punto de morir, específicamente con quince perros, los resultados, según el experimentador fue “uniformemente negativo”, es decir, los perros no mostraron ningún tipo de variación en su masa. Para McDougall, esto confirmaba dos teorías, la primera, que efectivamente, el alma tenía masa y peso, y segundo, que los perros no tenían alma, para muchos, una afirmación sumamente discutible.

    Actualmente existen varias explicaciones para el fenómeno de pérdida de peso al momento de morir, algunos sostienen que esto se debe al ´”último aliento” que da la persona, es decir, cuando los pulmones ya no reciben aire, pues se detiene el proceso de la respiración. Otros sostienen que al morir, el cerebro deja de funcionar, y esta pérdida de su funcionamiento, provocaría una pérdida de peso de 21 gramos.

    http://expedienteoculto.blogspot.com.es/2012/05/experimentos-extranos-el-peso-del-alma.html

    lunes, 21 de abril de 2014

    Burros y caballos, remedios contra todos los males

     
     
    Si nos remontamos a la Antigüedad clásica, los mitológicos centauros, con su anatomía entre humana y equina, fueron relacionados con la salud. El centauro Quirón, tutor de Aquiles, Jasón y Asclepio, y que reunía un temperamento salvaje junto a la amabilidad y bondad de un sabio, es considerado el abuelo de la medicina griega. Además, el caballo está representado en los relieves votivos del propio Asclepio, el dios de la medicina en la mitología griega. Si continuamos haciendo un recorrido por la historia de la terapéutica, se puede observar que especialmente los autores clásicos, pero también medievales y renacentistas, prestaron atención a los remedios basados en los equinos. Como botón de muestra se puede resaltar la obra de Pedacio Dioscórides Anazarbeo, que en el siglo I escribe "De Materia Medica". Según este autor, el cuajo de caballo es eficaz para flujos de vientre e intestinales, sus empeines —durezas en corvas y pezuñas— pulverizados y mezclados con vinagre curan la epilepsia y sus excrementos (también los del burro) frescos o quemados y mezclados con vinagre son útiles para detener hemorragias. Asimismo, describe remedios usando productos del asno; narra que sus excrementos ayudan en caso de picadura de escorpión, que su hígado asado comido, así como las pezuñas quemadas, diluidas y bebidas, son un buen remedio para los epilépticos, o que las pezuñas en aceite reducen escrófulas o inflamaciones de los ganglios linfáticos y curan sabañones si se espolvorean en ellos.
     
    El sistema humoral ha sido el fundamento filosófico natural de las terapias desde la Antigüedad hasta el desarrollo de la biomedicina y constituye una de las claves de la medicina popular. Así, la medicina hipocrática, a través de la teoría humoral, explicaba la fisiología del organismo por el equilibrio de cuatro humores o líquidos: bilis negra (frío y seco), bilis (templado y seco), flema (frío y húmedo) y sangre (templado y húmedo). El exceso o defecto de estos humores, como consecuencia del régimen de vida, provocaría dolencias, trastornos o patologías que habría que contrarrestar para recuperar la salud. Por ello, la terapéutica humoral se basa en el tratamiento por contrarios, siguiendo el principio contraria contrariis curantur. Una enfermedad con una etiología basada en el calor, reconocida por enrojecimientos, sed, temperatura elevada o dolor abrasante (tales como quemaduras, erupciones, inflamaciones, estados febriles, estreñimiento o procesos repentinos), mejoraría mediante la aplicación de frío y, por consiguiente, utilizando medicamentos con este carácter. Por otra parte, las dolencias con etiología basada en el frío se reconocerían por síntomas en el individuo como temblar de frío, las manos y pies helados, heces blandas, dolor de articulaciones, tensión muscular o rigidez, que mejorarían con la aplicación de calor.
     
    Además los humores se han asociado a las estaciones, los elementos, a cualidades y también al carácter. En este sentido, los estudios zoológicos de los siglos xvi y xvii son muy interesantes, pues recogen datos de autores clásicos, medievales y renacentistas y reflejan las características del periodo histórico en el que esta filosofía humoral se encontraba en pleno apogeo en toda Europa. Entre ellos cabe destacar las obras de Jerónimo Cortés y Francisco Vélez de Arciniega, quienes realizan comentarios sobre la complexión, carácter y naturaleza de los equinos. Así, Cortés en su Tratado de los animales terrestres y volátiles, y sus propiedades —editado en 1672— escribe sobre el burro, afirmando que es frío y húmedo. Por su parte, Vélez de Arciniega, en su Historia de los animales más recebidos en el uso de la Medicina (1613), comenta que, entre todas las leches, la de burra es la más húmeda y siguiendo a Galeno afirma que es el medicamento que con mayor seguridad purga en el tratamiento de enfermedades agudas. Por consiguiente, el burro (Equus africanus asinus Linnaeus, 1758) sería un animal flemático con el que se podrían tratar desórdenes con síntomas «secos y calientes». En cambio, el caballo (Equus ferus caballus Linnaeus, 1758), debido a su temperamento, tendría cualidades opuestas, lo cual queda justificado según Aristóteles y Galeno: «Entre los animales el que es más caliente es más activo».
     
    El caballo sería un recurso zooterapéutico contrario al burro, acorde con la percepción que existe de ellos en el mundo rural, donde su caracterización tiene significados opuestos. Así, la del corcel, rocín o penco va ligada a la fuerza, la nobleza, la dignidad y el coraje, mientras que la caracterización del asno se apoya en la torpeza, la humildad, la testarudez y la docilidad. Curiosamente, el híbrido (Equus africanus x ferus) es rechazado por la etnomedicina española. Solamente hemos encontrado dos registros del uso de los excrementos de mulo o mula en la provincia de Cáceres.
     
    En cuanto a los simbolismos y valoraciones presentes en las comunidades rurales, destaca el prestigio social y el estatus económico del caballo frente a la desconsideración social, comicidad y subordinación del burro. Por otra parte, el pensamiento mágico está presente en el uso de ciertos remedios; así, las yeguas, burros y caballos negros forman parte de la terapéutica popular para curar la tos ferina y afecciones osteoarticulares, así como aliviar odontalgias, dolores abdominales y las picaduras de alacrán. Este uso demuestra la ambivalencia del conocimiento tradicional. La sociedad española está llena de prejuicios en torno al color negro, asociado simbólicamente a la muerte o a la mala suerte; a pesar de lo cual, se asocian virtudes terapéuticas a estos animales. Del mismo modo, la magia de los números impares se observa en dos remedios contra la tos ferina. El tratamiento dura nueve días o se ha de implementar cierto ritual nueve veces. El número nueve tiene un importante valor mítico desde la Antigüedad. Ya Hipócrates, siguiendo a Pitágoras, determina la existencia de días críticos y le confiere un papel mágico al número. Asimismo, las caballerías forman parte de ritos de paso, como dar la vuelta a algo y marcharse sin volver la vista atrás o montar en ellas al revés, y se le imponen condiciones terapéuticas mágicas a sus remedios tales como su aplicación después de la medianoche.
     
    Cabe destacar el empleo de remedios empíricos muy reputados como suplementos alimentarios para caso de desórdenes nutricionales, malnutrición o desnutrición. Serían recursos para abordar enfermedades endocrinas, nutricionales o metabólicas; sin embargo, en algunos casos la visión emic de la enfermedad asocia estos estados a la anemia. No obstante, el remedio usual coincide con el término etic: la anemia es tratada mediante el consumo regular de carne de caballo. Los productos animales utilizados en los remedios documentados son muy variados, hasta 10 categorías diferentes. Un 23 % de los remedios se basan en el uso de los excrementos, siguiendo en importancia el uso de la orina (14 %) y de las crines (12 %). Asimismo, hemos recogido un 23 % de remedios «mágicos» que, de una forma u otra, se basan en el «uso» del animal entero. Pero, desde una perspectiva simbólica, es más interesante destacar que si observamos cómo varían las frecuencias de uso de los diferentes recursos o productos teniendo en cuenta las dos especies, se aprecian diferencias.
     
    En relación a los productos empleados, queremos también destacar aquí la importancia cultural de la leche de burra. En otro trabajo documentamos y analizamos los usos médicos tradicionales de este producto en España. En la cultura mediterránea esta leche tiene una gran importancia como alimento vital, lo cual se traduce simbólicamente en una panacea que ayuda en el mantenimiento de lo que Mariño Ferro (1985) llama la «vida del alma». Finalmente, destacaremos que los equinos han tenido una importancia muy relevante en la península ibérica desde el Paleolítico hasta nuestros días; por ello, la gran cantidad de remedios compilados en el presente trabajo contrasta con los escasos datos incluidos en la reciente revisión llevada a cabo por Ceríaco (2013) en Portugal. Según este autor, en el país vecino apenas la sangre de caballo se bebe para combatir la anemia, su manteca se aplica externamente para aliviar los dolores de cabeza, los excrementos de burro se emplean para detener hemorragias, nueve gotas de su sangre son mezcladas con vino para combatir el alcoholismo, o si un niño babea mucho, este debe besar a un burro.
     
     
    Listado de remedios médicos populares españoles basados en el uso de las caballerías
     

    Enfermedad tratada
    Remedio (preparación y administración)
     
     
    I.- Ciertas enfermedades infecciosas y parasitarias
     
    Tuberculosis (tisis)
    Cuando mataban un caballo, bebían su sangre caliente, acabado de degollar
    Tos ferina
    Montar en un burro de tres años, nueve veces, y pasar por debajo de él otras tantas
     
    Antiguamente, a los niños con tos ferina los curaban de la siguiente forma: si era un varón el que estaba malo, se le daba a beber en un cacharro a una yegua un poco de agua, y la que le sobraba se filtraba por un trapo para que no llevase babas, y la tenía que beber el niño; cuando la que estaba mala era una niña, se hacía igual pero con el agua que le sobraba a un caballo
     
    Para curar la tos ferina cogíamos las granzas de trigo que le sobraban de comer a una yegua negra, y hacíamos con ellas un cocimiento. El agua donde se hervían las granzas se les daba a beber a los niños hasta que curaban
     
    Beber agua en la que hubiera abrevado un caballo negro
     
    Beber agua durante nueve días de un pozal donde previamente había bebido un caballo
     
    Agua en la que previamente se ha lavado una herradura de caballo
     
    Se aliviaba bebiendo agua del pilón donde había bebido un caballo
     
    El enfermo debía beber agua al final de un abrevadero donde en ese mismo instante estuviesen bebiendo al mismo tiempo varias caballerías
    Erisipela
    Se usan los polvos que salen al herrar el casco de las caballerías
    Verrugas
    Se la ata con una cerda de cola de caballo
     
    Entre los tratamientos tópicos está el apretarlas, estrangulándolas con… una cerda de cola de caballo para que se desprendan
    Verrugas
    Ir a un ribazo, coger un hueso de las extremidades de una caballería, darle la vuelta y marcharse sin volver la vista atrás
     
    ... estrangulación con una cerda de caballo provocando una isquemia en su base
     
    Se cortan amarrándoles una cerda de caballo. Caen solas
     
    … se emplea una crin de caballo (para anudar la verruga e irla apretando día a día hasta conseguir que esta se seque y caiga), siendo preferibles los pertenecientes a los équidos que participaron en la procesión de la Encamisá
     
    Hisopos con orina de yegua
     
    Ligarlas por su base con una crin de caballo
    Escabiosis (sarna)
    Restregar la piel contra la crin de un caballo. La condición para que el remedio fuese eficaz era que se realizara después de la medianoche
     
    II.- Tumores (neoplasias)
     
    Cáncer (sin determinar)
    … se consideraba que la alimentación con carne de caballo y, sobre todo, con solomillo era buena para combatirlo
    Anemia (de tipo no especificado)
    … se suele tomar carne de caballo. En Berganzo se recomienda comer un kilo de filetes de caballo a la semana
     
    Comer con regularidad carne de caballo
     
    Beber la sangre del hígado del caballo
     
    III.- Enfermedades del sistema nervioso
     
    Hemiplejía
    Cuando se ve caer a una persona presa de un ataque de «perlesía» es bueno desalbardar inmediatamente un burro y colocar la albarda encima del paciente. Con solo esto y llevar luego al enfermo a la cama para que repose, se cree que sanará. Es circunstancia indispensable para la eficacia del remedio que la albarda se aplique antes de enfriarse, cuando todavía conserve el calor y el sudor de la bestia
     
    IV.- Enfermedades del sistema circulatorio
     
    Hemorroides
    Llevar en el bolsillo cagajón desecado de mulo
     
    V.- Enfermedades del sistema respiratorio
    Resfriado común
    Con carácter de magia imitativa, para facilitar la expectoración, curando así el catarro (...) beber agua donde haya bebido un caballo muy baboso
     
    VI.- Enfermedades del sistema digestivo
     
    Primera dentición
    … para estimular el crecimiento de los dientes en los niños… colgarles al cuello amuletos consistentes en saquitos que contenían dientes… de caballo
    Odontalgia
    Para aliviar el dolor de muelas se daban friegas con orín de burro negro
    Para conservar la dentición
    Frotar los dientes con orina de caballo
    Gastritis
    Tomar orín de caballo o burro
    Estreñimiento
    Cocimiento de excremento de asno en tazas
     
    VII.- Enfermedades de la piel y del tejido subcutáneo
     
    Padrastros
    Frotarse las cutículas cuando se oiga rebuznar un burro del que no se conozca el dueño
    Alopecia
    … trataban de impedir la calvicie aplicando agua cocida con cascos de caballo
     
    Embadurnamientos con orina de burro en la que se han mezclado a partes iguales cenizas de testículos de gallo y de chepa de «marrajo» (gallipato)
    Cuidado del cutis (eliminar arrugas)
    Orina de burra… aplicar un número impar de lavatorios, recomendándose que el líquido se tome directamente con las manos cuando el cuadrúpedo miccione. En Mérida la orina asnal consigue mayores resultados si se mezcla a partes iguales con orina de mujer menstruante
     
    VIII.- Enfermedades del sistema osteomuscular y del tejido conjuntivo
     
    Mialgia
    Dolores musculares… correa (cinturón) de piel de caballo curtida
    Reumatismo
    Ir a la cuadra con una sartén y esperar a que orinen las caballerías y luego con salvado caliente, se dan unas friegas
     
    … se cocía saúco en aceite hirviendo y se mezclaba con estiércol de yegua, que tenía que ser recogido fuera de la cuadra; luego se colaba por un trapo y se realizaban las friegas con el líquido obtenido
    Fortalecimiento de los huesos
    Aplicar manteca de caballo y coñac batido
     
    IX.- Embarazo, parto y puerperio
     
    Expulsión de la placenta
    Las boñigas de burro se han usado para ayudar a expulsar la placenta después del parto. Para ello se preparaba un cocimiento de boñigas de burro, después se filtraba y ese líquido se daba a la parturienta para que expulsara la placenta
     
    Para favorecer la expulsión de la placenta, se hierven heces de burro y el líquido resultante se da a beber a las mujeres después del parto
    Dolor abdominal
    Beber cocimiento de excrementos de caballo
     
    Antiguamente, para aliviar dolores fuertes de barriga o de estómago… se bebía el agua de cocer «cagajones de burro». En Jaraicejo se asegura que los cagajones habrían de ser de burro negro
    Cólico
    Aplicar excremento de burro
     
    Beber un cocimiento de excrementos de mula
     
    Antiguamente, para aliviar cólicos… se bebía el agua de cocer «cagajones de burro»
    Heridas
    La orina de burro, con solo tres aplicaciones, hace desaparecer el mínimo rastro de la cicatriz
    Quemaduras
    Aplicar polvos del hueso de la mano de un burro
     
    … para que se regenerase la piel se cogía excremento seco del campo, de yegua o caballo, se freía en aceite y se le mezclaba un poco de manteca. Se colaba y se untaba un paño en dicho ungüento que luego se colocaba sobre la quemadura y se tenía allí cambiándolo cada tres horas
    Quemaduras
    Masajear la piel afectada con una solución alcohólica de huesos de burro calcinados
     
    Huesos de burro son quemados (sin que llegaran a carbonizarse por completo) y se muelen hasta conseguir un polvo que se aplica sobre las quemaduras, como vulnerario
    Sabañones
    Freír en una sartén, con abundante aceite, trozos de cáscara de naranja mezclados con limaduras de pezuñas de caballo y, una vez frío, se aplica sobre los sabañones
    Picaduras de insecto (no ponzoñoso)
    Para evitar las picaduras de los «pínfanos» (mosquitos), quemar excrementos de burro
     
    Para espantar insectos y evitar sus picaduras… quemar excrementos de burro
    Picadura de escorpión (contra el efecto tóxico de su veneno)
    … montar un asno al revés, es decir, con la cara mirando hacia la cola del animal al mismo tiempo que se le susurra al oído: «M’ha picat un escorpí» («me ha picado un escorpión»). El dolor ha de pasar de esta manera al asno
     
    Pasar la zona de la picadura, frotando, por el escroto de un burro negro (no castrado)
    Mordedura de perro
    … se untaba la herida con grasa de caballo

     
    Las caballerías en la etnomedicina española: remedios y simbolismos asociados: RAMÓN VALLEJO, José / ANTONIO GONZÁLEZ, José. Revista Folklore 3842014, pág. 41-56