miércoles, 9 de diciembre de 2015

El caso de la mujer que paría conejos

La Inglaterra del rey Jorge I (1660 – 1727) rebosaba de rarezas, falsedades y charlatanes. El propio rey Jorge era un poco bicho raro, nunca se preocupó de aprender inglés y mantuvo a su esposa 32 años en prisión. Pero para cosas fuera de lo común, nada puede hacer sombra a la famosa historia de Mary Toft Godalming y sus bebés conejo.



En septiembre de 1726 Mary comenzó a dar a luz a conejos. El cirujano local, John Howard, respondió a las súplicas de sus familiares y se apresuró a la casa de Mary, donde para su enorme sorpresa, asistó al parto de nueve de estos animales. Todos nacieron muertos, y en realidad venían al mundo en porciones y no de una sola pieza. No obstante, esto no disminuía el asombro del hecho en si. ¡La señora Toft paría conejos!
Jon Howard escribió excitadísimo a otros hombres de ciencia del país, urgiéndoles a ayudarle a investigar el insólito fenómeno. Pronto, dos hombres prominentes enviados por el mismísimo rey llegaron para investigar. Se trataba de Nathanael St. Andre, cirujano anatomista del monarca, y Samuel Molyneuxm secretario del Príncipe de Gales. Mary explicó a estos ilustres hombres que recientemente había sufrido un aborto, pero que durante el embarazo había tenido unas ansias tremendas de comer carne de conejo. Tras varios intentos infructuosos de cazar varios conejos, había soñado con que tenía a varios en su regazo. Lo siguiente que supo es que estaba dando a luz conejos.
En presencia de los doctores, Mary continuó dando a luz a más conejos. Los hombres realizaron experimentos para verificar el fenómeno. Por ejemplo, tomaron un pedazo de pulmón de uno de los conejos y lo sumergieron en agua para contemplar que flotaba. Esto significaba que el conejo debía haber respirado aire antes de su muerte, lo cual por supuesto no podía haber sucedido dentro de un útero. Sorprendentemente, los doctores ignoraron esta evidencia y decidieron que no había “conejo encerrado”. Para ellos Mary daba a luz conejos sin ningún asomo de engaño.



El 29 de noviembre Mary fue trasladada a Londres. Para aquel instante su caso se había convertido en toda una sensación nacional y en la capital, una enorme multitud rodeaba la casa en la que la alojaron. En cuanto la mantuvieron constantemente vigilada, Mary dejó de dar a luz conejos y su caso comenzó a desentrañarse.
Pronto aparecieron testigos que afirmaron haberles suministrado conejos al marido de Mary. Más tarde, cuando un famoso doctor de Londres llamado Sir Richard Manningham amenazó a Mary con la necesidad de hacerle una inspección quirúrgica para examinarle el útero en nombre de la ciencia, Mary decidió sabiamente confesar.
Explicó que simplemente se había insertado los conejos muertos en el útero cuando nadie miraba, y que su motivación era el deseo de adquirir fama con la esperanza de recibir una pensión real. Poco después fue encarcelada por fraude, pero la liberaron sin juicio. Se dice que logró dar a luz a un niño normal poco después de un año tras los sucesos.
John Howard y Nathanal St. Andre, los dos cirujanos que la habían creído y defendido con pasión, tuvieron que mudarse muy lejos. 

http://maikelnai.elcomercio.es/2010/03/15/mary-toft-la-senora-que-paria-conejos/

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